Ana Giorgana

viernes, 1 de junio de 2012

Ese pasado que me persigue todo el día...

Existen momentos en la vida en los que pareciera que nos sentimos atascados, paralizados y sin poder avanzar. Por más intentos que hacemos para salir de ese lugar del sufrimiento y el dolor no podemos dar el salto para recuperarnos.
Vivimos en el pasado. Lo ocurrido en nuestras vidas nos persigue en el momento presente. Dejamos de vivir el hoy por estar en el ayer. Y nuestros días y noches se tornan una verdadera pesadilla. Estamos empantanados en este momento, no podemos cerrar el ciclo o como se dice ahora: cerrar círculos.
El pasado se ofrece como un depósito para el alma entristecida, pero nosotros somos los pasajeros en ese viaje. Somos esos actores en nuestra vida que no cumplimos el papel. Miramos sin ver y vemos sin observar. Es necesario cerrar ciclos y cerraduras en las experiencias pasadas.
Estamos atentos solo a lo que pasó, a lo que sucedió o a lo que ocurrió.  La vida no es más que un concepto. Lo que en realidad existe es tu propia vida y existencia. Es lo único viable en este caminar en el presente.
Esta vida tuya solo puede vivirse en el presente. No hay otro momento. El sufrimiento se genera porque no podemos regresar el tiempo, simplemente las cosas pasaron y sucedieron como fueron. Recordar el sufrimiento una y otra vez, es la manera, de darle vida a un recuerdo doloroso que no está ya en nuestra existencia.
En este sentido si tus pensamientos y sentimientos se encuentran en el “allá y entonces”, entonces no puedes estar plenamente en el “aquí y ahora”.
Y por supuesto que impacta en todas las áreas de tu vida: tu salud, tus emociones, pensamientos, calidad en el trabajo, relaciones que estableces. Pero sobre todo la experiencia interna es de desasosiego.
Este desasosiego perturbador que no te deja vivir en paz, sin dar solución a tu experiencia y en la vida del día a día.  Ahora es el momento de poner un alto en el camino. Reflexionar. Tocar esos sentimientos y dejar de pelearte con ellos.