Ana Giorgana

viernes, 10 de febrero de 2012

El temor a la intimidad

En cierto sentido la intimidad es el lugar más preciado de la pareja.
En esta intimidad surgen todo tipo de eventos gozosos y dolosos.
La intimidad nos lleva a la fusión, a darnos al otro, a respetar su desenvoltura
y también a convivir con nuestra fragilidad y fuerza.

Cuando el miedo a la intimidad existe en la pareja o en alguno de ellos. 
Esos espacios se enturbian con soledad, depresión, tristeza, falta de motivación, 
silencios prolongados, actitudes hirientes, descalificaciones y humillaciones.

A todas luces, una pareja desea los espacios de intimidad porque en ellos 
se construye parte de la complicidad en pareja. 
Pero sí mi pareja en la intimidad sólo me critica, me irrita, me agrede o me violenta, 
entonces, seguramente estoy viviendo con alguien que 
teme vivir la intimidad, por las razones que sean.

Este temor a la intimidad toma muchas formas y maneras. 
Generalmente a solas con mi pareja, no tengo nada que decir, 
no tenemos de qué hablar, no encontramos puntos de coincidencia 
o quizá, solo peleamos una y otra vez y discutimos los mismos 
temas de manera recurrente, todo con tal, de evitar quedarnos solos 
con nosotros mismos en una vida de a dos.

De la misma manera el rechazo a la sexualidad es otra 
manera de evitar la intimidad. 

La falta de deseo, de ganas, la infidelidad, las salidas con los amigos 
para poder platicar, la televisión como parte importante del cuadro íntimo, 
ahora, la computadora y el internet, actividades que nos distraen del otro 
que está frente a nosotros, en cierta forma, estas situaciones nos
 impiden estar con la pareja en una vida íntima.
Ana Giorgana