Ana Giorgana

martes, 3 de abril de 2012

Amar y sufrir en pareja

La tónica  principal y la melodía que escucho con gran frecuencia es: Realmente amo a  mi pareja, pero mi relación me hace sufrir. 

Amar y sufrir parece que forman parte de la misma ecuación afectiva. Pero si nos detenemos a pensar un poco:

¿Quién no ha sufrido en su vida por un mal amor?

Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos enfrentado al desamor, al anhelo de esa pareja que jamás nos miró, quizá, a aquella pareja que idealizamos y al final, sentimos que nos traicionó.  

El amor en pareja, a pesar de su enriquecimiento personal, es uno de los más llorados, de los más sufridos,  y también, por qué no, de los más mal comprendidos.

Cuando intentamos y estamos cegados en apreciar y comprender que solo el amor cuenta en la relación en pareja, más sufrimos.  En cierto sentido esta circunstancia, al parecer, tiene sus raíces en nuestros conceptos sobre el amor.

El amor romántico es un sentimiento delicioso, deleitable, pero lamentablemente dura instantes.  Es decir, el romanticismo en el amor en pareja es indispensable, pero también, se toma en sorbos pequeños.

Cuando me imagino y creo que es todo en mi relación en pareja, entonces confundo el amor, y mi sufrimiento nunca, jamás se agota.  Y me mantengo en un mal de amores de manera indefinida.  Tratando de explicar de manera obsesiva qué le paso a mi amor romántico.  Cómo es que se fue, cómo es que ya no está, cómo es que jamás, quizá, nunca volverá.

Aquí es importante detenernos e intentar orientar la reflexión.  Me parece que lo que mayor sufrimiento causa en nuestra vida amorosa, es precisamente, las creencias acerca de lo que el amor y la relación en pareja son y significan en nuestra vida psicológica.

En general definimos el amor en relación a sentimientos, que pareciera tienen que ser fijos en nuestra vida cotidiana:

PASIÓN, ENAMORAMIENTO, DESEO, INTERÉS, APEGO.

Además de demostraciones de afecto que me permitan contar con señales de ese gran amor:
  • Interés por todo lo que hago.
  • Darme gusto en todo lo que se me ocurra.
  • Compartir toda clase de experiencias.
  • Mantenerse contento o a gusto en todo lo que yo diga, haga o piense.
Sí esto no sucede, empezamos a sufrir en lugar de disfrutar los espacios amorosos con la pareja.  Ya que cuando queremos y deseamos comprender el amor en este sentido, se nos olvida el diálogo, la amistad, el aprecio, la comunicación, y hasta, nuestras más grandes fantasías.  Dejamos de vivir, en aras de nuestro gran amor.

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Ana Giorgana