Ana Giorgana

viernes, 18 de mayo de 2012

Realidades Compartidas...

Cada individuo y cada persona tiene su propia percepción de las situaciones que vive, no existen dos personas en el mundo que piensen, sientan o experimenten de la misma manera, ni los hermanos, que sus historias pudieran coincidir, hablan de sus familias de la misma manera.
Los seres humanos conocemos el mundo, y luego le damos una interpretación que tomamos como verdadera de acuerdo a nuestra experiencia de vida. Así cada miembro de la pareja cuenta con su propio escenario de realidad.  
El hecho de ser hombre o mujer, cuenta con una forma distinta de apropiarse de la realidad. Hombres y mujeres no vemos las mismas cosas, biológicamente somos diferentes, físicamente también. Las mujeres estamos dotadas de la capacidad de procreación, éste sólo hecho es una diferencia sustancial.  Cada hombre y mujer a parte de la diferencia de sexo, cuenta con su propia naturaleza al nacer, y al mismo tiempo, las experiencias de su biografía, van dando un toque importante a su persona.
¿Cómo es entonces que esperamos que el otro, nuestra pareja pueda entender nuestra realidad si no somos claros en nuestra forma de comunicarla?
Todos los seres humanos vamos creando nuestra propia realidad, y manera de comportarnos de acuerdo a las propias experiencias. De tal suerte que  ambos miembros de la pareja no sólo no ven lo mismo, sino que además no esperan lo mismo de su media naranja. 
Hombres y mujeres quisieran, desean  que su pareja comparta su mismo punto de vista, su proyecto de vida,  y es ahí, donde los conflictos empiezan a tener lugar.

Para empezar,  todos llegamos a la vida en pareja con una idea preconcebida de lo que la pareja es o tiene que ser, por una parte porque nuestros padres para bien o para mal, modelaron para nosotros una relación en pareja que es la más cercana. Por tanto, a veces, creemos que esa es la única manera de vivir en pareja. 

Estos modelos que vivimos desde pequeños queremos reproducirlos en nuestra vida en pareja. Deseamos  hacer todo lo contrario: la única diferencia es que ni yo soy mi mamá, ni mi pareja es mi papá. No puedo reproducir ese molde porque los nuevos integrantes de la pareja son individuos diferentes.

Más  allá de llegar a acuerdos para entender que tipo de relación de pareja deseamos construir, empezamos a comportarnos de acuerdo a lo que sabemos y hemos visto de nuestros padres, o de lo que queremos cambiar.

Se inician entonces, una serie de situaciones que se experimentan como sinsabores, porque no nos damos cuenta que nuestra vida en pareja no es lo que pensábamos, queríamos y/o necesitábamos.
La vida entonces,  se va desdibujando porque aquella relación que prometía tanto, de pronto, se va tiñendo de amargura.

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CeCreTo-Centro de desarrollo humano y personal

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Ana Giorgana

Terapeuta y Coach de vida