Ana Giorgana

martes, 12 de junio de 2012

El amor es ciego....

Y sí por momentos vemos y nos damos cuenta que esta oración conlleva 
un sinnúmero de implicaciones. 

Cuando estamos enamorados de alguien, no importan 
sus defectos o cualidades.

Estamos enamorados del amor, no de la persona. 

Por tanto somos invidentes frente a lo que el otro realmente es.

El problema no es nuestra pareja, sino nuestra ceguera. 

No somos capaces de vernos a nosotros mismos y reconocer que 
somos invidentes para ver al otro, y para nosotros mismos, también.

Cuando el amor cuenta con ceguera, nadie puede ayudarnos, 
todo lo justificamos, nos damos a la tarea de tapar, 
de enmendar y además, de 
cubrir todo aquello que no le va a nuestra pareja.

Pensamos y creemos que nuestro amor hará desaparecer
 por arte de magia, aquellos malos tratos, aquellos 
malos ratos y también aquellos 
sufrimientos de nuestra vida en pareja.

El amor es ciego, pero solo a nuestra ceguera, porque para el 
resto de las personas, pareciera que todo es muy claro. 

Nos dicen, nos previenen, nos dan consejos, 
pero lo vivimos como una agresión.

Ellos, los otros, los familiares y amigos, 
no se dan cuenta de nuestro gran amor, 
de nuestra comprensión y de nuestra vida de a dos, 
que es tan maravillosa, pero que está llena de antifaces, 
de un velo que nadie puede ver sólo nosotros conocemos, 

pero no queremos, al menos en el momento, reconocer. 



Ana Giorgana