sábado, 16 de junio de 2012

Lo peor, en el amor: la incertidumbre.


La incertidumbre es una experiencia que nos deja perplejos y llenos de expectativas. Nunca sabemos lo que va a pasar. Algunas personas optimistas siempre esperan que suceda lo mejor.  Otras sin embargo se encuentran con una esperanza negativa hacia aquellas circunstancias desfavorables.
En el amor, en las relaciones de pareja una condición difícil de aceptar y tolerar es la incertidumbre, que se denota en frases como:
-       Necesito un tiempo.
-       No sé realmente qué me pasa, pero no me siento bien ya en la relación.
-       Tengo miedo de perderte pero no puedo hacer nada para retenerte.
-       No tengo idea cuando volveré, pero si quieres espérame.
-       Y crees, que te voy a esperar toda la vida?
En fin palabras más o menos son las que están involucradas en esta experiencia de no saber qué es lo que sucederá, lo que el otro decidirá o resolverá o elegirá, pero a nosotros su decisión nos mantiene en un suspenso emocional que desgarra el alma, la paciencia y el confianza.
Ante esta incertidumbre en el amor la vida misma se mantiene en suspenso. Esta incertidumbre plantea un dilema, un conflicto, una desconfianza y hasta una sospecha. Nos sentimos perplejos y asustados frente a lo que vemos, escuchamos y sentimos. No logramos dar un nombre a nuestros sentimientos. Todo parece tan confuso.
 La certeza de nuestra relación y del amor de la pareja se ha puesto en duda. Existe vacilación en la confianza, en la esperanza, en los planes, en las emociones y en todo aquello que hasta hoy habíamos preparado. Nuestro cotidiano se ve alterado en sus hábitos, costumbres y relaciones.
Nuestra experiencia en el amor se ha tornado imprecisa, indecisa, insegura. Titubeamos en nuestras decisiones. Queremos dar un tiempo. No sabemos cuál será el resultado. Pero seguimos ahí detenidos con el alma en vilo tratando de comprender la actitud del otro.
Y no somos claros. Eso evidentemente es lo que el otro necesita: un tiempo, una decisión, un repensar, un ordenar sus emociones. Y es muy válido. Aquí lo  más importante es detectar qué necesitamos nosotros frente a esa actitud.
Puede que vuelva algún día y sí no. Sí de pronto en sus tribulaciones ha decidido marcharse para siempre.
¿Dónde quedamos nosotros como parte de esta historia?
Asumir nuestra vida y nuestra responsabilidad. Amamos al otro y por eso estamos perplejos y confundidos. Estamos dispuestos a darles sus tiempos. Pero cómo vivimos esos momentos de incertidumbre.
Una vez más considero que la vida de pareja es un ingrediente muy importante en nuestras vidas, pero si lo consideramos como el único eje rector de nuestra existencia, se convierte en un suplicio y en una agonía ingrata frente a tanto amor.
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Ana Giorgana

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