domingo, 14 de octubre de 2012

Amores violentos...


Un amor que se comprender a través del dolor y del sufrimiento.

La violencia como forma de vinculación amorosa causa estragos en todo el que la ejerce y el que la padece. 
Uno parece ser el victimario y el otro la víctima de esta situación. Sin embargo, es una combinación perfecta para establecer dolor, sufrimiento y agonía en la vida no solo de la pareja, sino de la familia en su conjunto.

Los hijos son la parte más vulnerable de estos amores violentados. Su posición de hijos los enfrenta a la impotencia, al dolor, al desgarre interno de su alma frente a la presencia de que sus amores más grandes, aquellos en quien confía no son personas íntegras y maduras. Se encuentran al descubierto en el abandono y en el desamparo.



Se encuentran tan desamparados como sus modelos de vida. Se llenan de furia, de rabia y cuando la expresan se ponen en la tesitura de ser aún más violentados y humillados. Toda adicción es una dependencia, una forma de relacionarse con algo o alguien de manera patológica. No existe ninguna adicción sana y mucho menos la que tiene que ver con el amor. Se convierte en una necesidad. Y la necesidad de un amor siempre acaba con un gran dolor y con una sensación de insatisfacción y pérdida.

Las dependencias amorosas tienen que ver con aquellos síntomas en los que no podemos prescindir de la presencia de ese gran amor. Y en “aras del amor” tan grande que decimos tenerle, convertimos nuestra relación en:
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Asfixia: no permitimos que respire, le asediamos y exigimos su presencia a toda costa.


-       Control: queremos saberlo todo acerca de nuestra pareja, estamos tan inseguros e inquietos que deseamos adivinar hasta sus pensamientos, solo para asegurarnos que esos pensamientos están dirigidos a nosotros y solo a nosotros.


-       Dependemos: renunciamos a todo aquello que nos gusta para darle la oportunidad de que se tome conciencia de lo “bueno que somos”, pues siempre estamos disponibles para ellos. Mejor dicho, los que no podemos alejarnos somos nosotros en aras de perderlo.


-       Chantajes: condicionamos nuestro amor y peleamos a capa y espada para que esa pareja se quede a nuestro lado mientras lo hacemos sentir culpable. Ellos los malos y nosotros las víctimas. Un juego peligroso y que no siempre da resultado.


-       Celos incontrolables: desconfiamos de todos y de todas los que están cerca de ellos, como si nos fueran a arrebatar de las manos a esa persona que para nosotros es tan especial.


Vivir  así con la inseguridad, el desasosiego y el terror de perder a la persona, de controlarla y no dejarla vivir porque es una necesidad apremiante estar a su lado, es una forma adictiva de entender el amor y la vida en pareja.

Toda adicción es dolorosa, engañosa y muy perturbadora. Depender de una persona y más cuando existe una relación de violencia, infidelidades, faltas de respeto y de una existencia indigna es hablar de una dependencia infantil y patológica que solo lleva a más sufrimiento para ambos miembros de la relación como para el entorno en que se desenvuelven.

La adicción amorosa es traicionera. Nadie puede controlar a otro ser humano aunque lo deseemos intensamente. Nadie puede obligar a otro que nos ame. Nadie puede obligar a otro a ser fiel o infiel, esa es una cuestión personal y de elección. Nadie puede hacer lo queramos cuando lo queramos o a la hora que queramos. Es una fantasía.

Y cuando no lo logramos, sabiendo que no es posible, recurrimos al chantaje, los celos, el control y hasta las amenazas más denigrantes para que se queden junto a nosotros. La adicción amorosa habla, de una falla en la autoestima y en el amor propio.

Y es ahí, en ese aspecto, en el que las personas que padecen este tipo de afección amorosa necesitan trabajar intensamente, para dejar de centrar sus vidas y existencia en alguien fuera de sí mismos.

Como toda adicción, la afectiva, también requiere de un tiempo de recuperación y la primera condición es transitar un proceso de alejamiento, de abstinencia para lograr sanar las heridas de esta dependencia afectiva.

Hasta que las personas no se convencen que están viviendo en una relación destructiva, difícilmente pueden llegar a un proceso de recuperación, requiere tiempo y compromiso. Pero no existe otra alternativa y emprender un proceso de desarrollo personal.

En Cecreto contamos con diversas alternativas de solución.

Cómo salir del ciclo del dolor y para ello tenemos diveros materiales:


Ana girogana
Terapeuta
Coach temas de calidad de vida







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www.cecreto.com

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