Ana Giorgana

lunes, 17 de agosto de 2015

Amar o depender de la pareja...

Historias Reales de Personas Reales...
Ana E. Giorgana
www.cecreto.com
Palabras más, palabras menos, hombres y mujeres expresan el deseo de encontrar pareja para entonces sí: SER UNO MISMO. - Sería maravilloso que esta ambición  nuestra se cumpliera. -
Sería estupendo que pudiéramos realizar ese deseo tan íntimo que alberga el alma humana.  Encontrar a nuestra media naranja para quedar completitos!
El inconsciente nos dicta que es necesario buscar a nuestra alma gemela.  Ese espíritu hecho carne,  y hueso,  capaz de conocer, y reconocer por todo lo que vibramos, amamos y nos apasionamos.
Las canciones, la poesía, los refranes populares y hasta la mercadotecnia dan cuenta de ello y lo explotan, por cierto, muy bien.  Toda clase de artículos existen para decirle a la pareja, ¡Cuánto la amamos, cuánto la queremos,  y hasta cuánto,  la odiamos y la necesitamos!
Cuando este deseo de fusión no se realiza, al menos todo el tiempo, surgen desde el interior de las personas una serie de angustias y ansiedades que las llevan a creer,  a pensar o actuar de acuerdo a sus temores.  Y entonces,  no comprendemos que la posibilidad de unirse todo el tiempo a toda hora, nos lanzamos a la desesperación de tratar de retener a nuestro otro yo. 
Claro que para algunas personas sería pertinente estar cocidos con hilos de oro, plata o aunque sea un mecate, con tal que la pareja se quede a nuestro lado.  Vivir como siameses. Pegaditos. Unidos por la cabeza, los pies, la espalda, el lugar es lo de menos, lo importante, es estar engarzados.
Pero la realidad de la vida y de la separación se impone todo el tiempo en la relación.  La complejidad de la vida emocional y psicológica de los seres humanos,  no tolera tanto chicle, aunque la deseemos,  y por ella estemos dispuestos a dar la vida.
El único momento en el que verdaderamente estamos fusionados, pegados y en simbiosis, es en el momento de nuestra gestación, pero también se termina. A los nueve meses somos arrojados a este mundo en el que tenemos que respirar por nosotros mismos.
Y, pasamos por un periodo largo de dependencia que nos habilita para madurar, para crecer, se nos alienta en todo momento a ser independientes, a valernos por nosotros mismos y, aprendemos que sólo nuestras acciones, nos llevaran a tener una vida satisfactoria o no.
La sociedad, la familia, la cultura, al menos en occidente, considera esas cualidades como virtudes.   Y una vez que llegamos a ser adultos, buscamos pareja, nos unimos.  Y entonces pareciera que imaginariamente desearíamos volver a fusionarnos. Tal vez nuestro psiquismo reclama ese estado de bienestar idea. Pero eso fue hace muchos, muchos años.
Y es precisamente ese lugar,  para algunos,  el que deseamos recrear con la pareja.  Visto así parece una locura, y en verdad algunos enloquecemos de amor por nuestra pareja.
Junto a estas emociones sentidas y anheladas no logramos percatarnos que viene de nuestro interior, que el otro adulto no puede ni por asomo estar con nosotros en ese estado ideal todo el tiempo, y si somos honestos, nosotros tampoco podemos cubrir esa expectativa.
¡Pero no! Seguimos necios esperando que se cumpla con todo afán. Queremos a fuerza que la relación nos de esto, eso o aquello que nosotros no somos capaces de proveernos a nosotros mismos.
Vivimos en pareja, y eso significa para muchos, compartir los gustos, los intereses, los platillos, el tiempo, el trabajo, la casa, el dinero, los amigos, las diversiones, las familias extensivas. ¡Y no sé cuántas cosas más !
¡Sí! que somos exigentes.
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El mayor obstáculo para el amor,  es el temor secreto de no ser dignos de ser amados.Amores altamente destructivos.
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