Ana Giorgana

lunes, 9 de noviembre de 2015

El relato de un divorcio que no me esperaba...


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Hacía tiempo que mi esposo y yo teníamos discusiones, problemas, conflictos. El tiempo entre nosotros era una verdadera agonía. No sabíamos qué hacer con nosotros mismos. No había magia, no había temas de conversación, no había nada en nuestra relación de pareja.

A pesar de todo, decidimos que lo intentaríamos de nuevos, por tanto, organizamos un viaje a un lugar mágico, un lugar de playa, todo parecía indicar que estaríamos, por lo menos, durante esos cuatro días tratando de salvar el matrimonio que ya se había desintegrado meses antes, quizá años.

Al llegar al lugar lleno de ensueño, empecé a sentir un gran desasosiego, vacío, sentimientos encontrados, tenía una gran motivación para rescatar nuestro matrimonio. Durante años habíamos sido una gran pareja, pero al parecer, ahora todo estaba lleno de dudas y rencor.

No parecíamos estar en sintonía, para empezar, él tuvo sueño durante todo el viaje, decía que tenía que relajarse, que descansar, no hubo la magia que yo tanto esperé. Por el contrario, me ignoró durante todo el viaje como lo hacía usualmente en los últimos años.

En ese momento, me día cuenta que esa había sido la realidad de mi vida por muchos años. Yo queriendo hacerme presente. Organizando viajes, cenas, pláticas, tratar de encontrar un motivo que nos permitiera vivir juntos, sentirnos de nuevo en un proyecto de vida de pareja, en un proyecto de vida en común.

Al estar solos en aquel lugar pude percatarme de la quemante soledad en la que había vivido los últimos años. 

Y, entonces, a la luz de la magia del lugar tome la decisión de divorciarme en cuanto estuviéramos de vuelta en casa.

Por lo pronto, me dediqué a leer, a tomar algunos masajes, relajarme y tomarlo como un descanso. Aunque sentía que lloraba a cada momento por dentro, decidí que esa no era la vida que yo deseaba y que no estaba dispuesta a desperdiciarla más por un poco de atención y cariño del hombre que había sido mi pareja durante tanto años.

Mi cansancio emocional era agotador. Todo el tiempo había tratado de solucionar la vida de pareja. Yo, era la única interesada en sostenerla. Por tanto, ante tanta reflexión decidí que la decisión era inamovible.

Por supuesto, yo era muy ingenua, creía que tal vez, ante mi decisión reaccionaría. Pero no fue así. En el momento en que regresamos de viaje se lo hice saber. Estaba sorprendido. No se lo esperaba. Él creía que cómo no hubo discusiones ni peticiones en el viaje estábamos de maravilla.

Yo, cada día sentía un vacío en mi vida. Sin embargo, no se alteró decidió que estaba bien y respetaba lo que yo planteaba. Tomó sus cosas esa misma noche y se marchó.

Inmediatamente me di a la tarea del divorcio. Sin embargo, mis sentimientos estuvieron mucho tiempo a flor de piel. Yo sabía que era la mejor decisión. Mi proceso de recuperación fue muy largo y doloroso y ahora entiendo que fue lo mejor.

El divorcio es un proceso muy largo que cuesta trabajo sortear, generalmente se encuentra inmerso en una forma de ver la vida y requerimos moldear una nueva identidad. Cada pareja tiene su tiempo y cada persona tiene su momento.

Busqué ayuda terapéutica y en mi proceso pude comprender algunas cosas que me ayudaron en mi recuperación:

1.- Leí un libro que mi terapeuta me proporcionó: Cómo recuperar la confianza en el amor: Heridas y cicatrices en la relación de pareja de Ana Giorgana

2.- Me di a la tarea de construir un nuevo proyecto de vida que me ocupara en situaciones constructivas que había dejado de lado por años.

3.- Comprender que me encontraba en un proceso de duelo y aceptar mis sentimientos: enojo, culpa, depresión, desesperación, tristeza, rabia, desasosiego.

4.- Superar mi terror a la soledad y hacerme cargo de mí misma.

5.- Me sentí liberada de su mutismo y sus tipos de agresiones pasivas. Por primera vez en muchos años, empecé a experimentar paz en mí día a día.

Consecuencias Psicológicas del divorcio.                                                           El divorcio y la separación.



 Ana Girogana
Terapeuta.
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