Ana Giorgana

domingo, 14 de agosto de 2011

Cuando Decidimos Formar Pareja, No Sólo Somos Dos, Sino Seis, Los implicados, En Esta Vida De A Dos


Parece mentira pero una de las situaciones que hace más infelices a las parejas son las maneras de amar y de comportase en la relación.  En lo general nos vamos solo por el amor, por la atracción, pero aunque esta condición ayuda de mucho, no es lo único importante a la hora de que nos vinculamos con una pareja. Sobre todo cuando vivimos con ella.
Infinidad de factores entran en juego en la convivencia de las parejas. Que por supuesto no se tienen contempladas a la luz del amor, del romanticismo, y de las grandes expectativas de formar una vida con alguien, con ese alguien que yo elegí como mi pareja perfecta. Con una gran ilusión de vivir una vida de a dos. Siempre acompañados. Siempre reconocidos.  Siempre amados… qué cruda realidad se impone.  Lo cotidiano acaba con todas las expectativas posibles y probables.

Somos seis  los que formamos pareja, aunque usted no lo crea, puesto que cada uno de los integrantes del Nuevo vínculo amoroso Algunos de convivencia y de condescendencia, y luego de pronto, me siento angustiada, o solo, o tal vez, no acabo  de comprender lo que la vida en pareja es…
Creencias, mitos y expectativas entran en juego en la relación de pareja.  Pero no, queremos todo verlo con los velos del amor y la buena voluntad.  Es ahí, dónde nuestras desgracias se llenan de impotencia… siempre hay un camino y el único posible es el de la valentía para revisar la biografía propia, y si no, que también, es una elección, tan digna como cualquiera, permanecer en el círculo del sufrimiento, del apego y desamor, sea un hombre o sea una mujer.
Nadie tiene la fórmula mágica para esta aventura de la pareja. Cada una de ellas en lo particular,  irá descubriendo sus propias maneras de actuar, de relacionarse o de amarse.
Sin embargo, es importante destacar que cada uno de los miembros de la pareja trae un bagaje cultural, social, emocional, que en el tiempo del enamoramiento no se deja ver.  Las feromonas, el romanticismo y la ilusión empañan todas nuestras realidades.
Es inevitable, vivir este episodio es crucial y primordial.  La novedad nos atrapa, pero a la hora de ponernos en la vida real, cada conducta, cada actitud y cada decisión de mi pareja, están cifradas en su  experiencia de vida.
Así como mi suegro trata a su esposa, así seguramente seré tratada con el correr del tiempo.  Pero no, creemos que nuestra pareja nunca jamás hará lo que su padre con nosotros, y qué creen con modalidades distintas, pero sí, de pronto siento el abandono, el maltrato y la indiferencia.  Pero por supuesto, abruptamente mi pareja me demanda actitudes y comportamientos muy parecidos a los de su madre.  No es intencional, es generacional.  Así se han comportado todas las mujeres en su vida, sometidas o reclamonas, o altaneras, o indiferentes.
De la misma manera yo voy a exigirle a mi pareja que se comporte con ese modelo de masculinidad y hombría que yo he aprendido.  Requiero ser tratada como ese hombre que me enseño como eran las relaciones entre hombres y mujeres, sí yo fui la princesa quiero seguir siendo eso, es mi identidad.  Pero que sucede cuando una princesita se enrola en una relación con un hombre que vivió que las mujeres tienen que permanecer calladitas y es él quién toma todas las decisiones.  La catástrofe total.  Y sí lo es en verdad, porque nadie puede darse cuenta que está obedeciendo a roles y circunstancias de lo que vivió.
Pero tal vez, eso que se vivió es la circunstancia de nuestros padres pero no de nuestra vida actual, con esta pareja en lo particular y en el aquí y en el ahora.
Cuál es el modelo femenino o masculino que yo aprendí?
Mi pareja tiene que ajustarse a ese molde ?
Qué sí me gusta del rol que aprendí y que no ?
Cuáles son aquellas consideraciones que me resultan funcionales o no en esta relación en el aquí y en el ahora ?
En mis talleres y cursos yo siempre enfatizo la importancia de escuchar a las abuelas y a las madres, pero reflexionar sobre ello.  Al fin y al cabo sus circunstancias no son las mías, sólo tomar en cuenta sus apreciaciones en el sentido de que sí es funcional o no para mí, pero nada más.  Hombres y mujeres y la sociedad en su conjunto cambian cada día.  Por tanto lo que se espera de hombres y mujeres es totalmente distinto.
Desde mi punto de vista es necesario contestar varias interrogantes:
Qué pensaba mi mamá de los hombres o mi papá de las mujeres?
En qué coincido y en qué no?
Cuál era o es la relación que mis padres llevan, de sumisión, de indiferencia, de ser complementarios, de control?
Qué espero de un hombre o de una mujer que decide establecer una pareja?
Creo en el dominio del hombre ?
O siempre estoy en conflicto por lo que me enseñaron?
No hay más es una condición, necesito replantear mis preguntas y obtenr respuestas más a mis condiciones que a las creencias que me dieron, me inculcaron y me sometieron.  Pero así como yo soy presa de ello, mi pareja también.
Por tanto, digo, a la hora de vivir una vida de a dos, somos seis, aunque esos cuatro aparezcan como fantasmas en nuestro comportamiento, actitudes y expectativas… no hay de otra es necesario volver a nosotros mismos para contestar las interrogantes…
Mi padre y mi madre siempre, siempre están presentes como fantasmas y la relación que entablaron que influye en mi manera de relacionarme…
Podemos negarlo, minimizarlo o tal vez, ignorarlo… pero de que están presentes no hay ninguna duda… y porqué no? Sí la relación con ellos determina mi posición en el mundo… me guste o no…
El camino del autodescubrimiento no es fácil, en lo general implica enfrentarse con ángeles y demonios…que es necesario desafiar…  pero de todos modos, sí lo reflexionamos o no… contamos con los mismos conflictos y problemas..más vale, conocerlos, enfrentarlos  y tomar decisiones acertadas o desconcertas no desde la ilusión del amor, sino desde la luz de llevar una vida más satisfactoria, en este rumbo de a dos…
Gracias por leerme, mi misión e intención es la calidad de vida mocional…
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