Ana Giorgana

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuando se necesitan tres en una vida de a dos...

La infidelidad es una de las vivencias más difíciles de experimentar,  cuando sucede, en la vida en pareja. En general, se experimenta como una gran traición no sólo a la pareja sino a la relación misma.
Al que ha cometido el acto de la infidelidad se le acusa y se le hace responsable, además de que se le señala como el culpable de la infelicidad de la pareja, al mismo tiempo, la vergüenza, el enojo, la indignación y las recriminaciones entran en escena y dominan el cuadro en el momento de la crisis…
Infinidad de mujeres y hombres despechados, no atinan a comprender el por qué ha sucedido.
Y exclaman:
 ¡No puedo ser que fulanito o fulanito me haya sido infiel!
Tan puede ser, que es. No es un hecho aislado, y sucede todos los días en las relaciones de pareja que no se hable, o más bien, que se murmure por lo doloroso que representa, es otra cosa.  Todos los que compartimos la vida con una pareja estamos expuestos a tal situación. Evidentemente, es uno de sus riesgos.
Ser infiel de acuerdo al diccionario es ser un traidor, es ser desleal, indigno, falso, hipócrita y poco fiable…

Cuando la infidelidad ronda por la vida de la pareja  lo primero que se pierde es la confianza. Pero no sólo la confianza en el otro, sino también, la estima propia, estamos desolados, confundidos y nos sentimos agredidos y violentados.
¿Por qué resulta tan dolorosa esta traición, sí se supone que la vida en pareja tiene todo para estar bien?
En primera instancia, porque hemos sido educados desde niños y la sociedad, en su conjunto opera en base a la monogamia, un solo hombre y una sola mujer para cada pareja. Tan es así, que en sociedades como las nuestras, la infidelidad está tipificada como causal de divorcio, cuando el vínculo  y su discusión se ha llevado al terreno de lo jurídico.
Si te interesa el tema sigue el enlace...


CeCreTo-Centro de desarrollo humano y personal

Ana Giorgana
www.cecreto.com