jueves, 14 de junio de 2012

Es así porque nadie lo ha comprendido...

Historias Reales de Personas Reales...

La única que lo entiende y lo quiere soy Yo. Nadie en su vida ha tenido el cuidado de tratarlo bien. Sus padres se divorciaron cuando era muy pequeño y sufrió de niño el abandono de sus padres. Además su mamá lo dejaba al cuidado de una tía que nunca lo atendió bien.

Ahora que me ha encontrado a mí, por fin va a tener una vida digna de amor.

Yo lo voy a querer y a amar como nunca nadie antes.

Lo voy a comprender para que se sienta escuchado y lleno de amor. Y así poco a poco irá siendo más y más tolerante, cariñoso, amable, es que la verdad es que no sabe cómo.

Mujeres y hombres se lanzan a la tarea de rescatar a sus parejas de una vida que consideran carente de afecto.  Abanderan la causa de la salvación de las historias perdidas y tratan de redimir las circunstancias de sus parejas.

Rescatar es una forma de llamarlo. Entregarse a salvar a otro es otra manera. La codependencia es el término más conocido, pero en realidad, nadie puede salvar a nadie, todos tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia biografía e historia de vida, así como de las circunstancias que tenemos que componer, sí es que así lo deseamos.

Creer que con solo el amor la bipolaridad, el alcoholismo, la depresión, las condiciones de adicciones se compondrán en nuestra pareja es una fantasía grandiosa, pero en fin, generalmente estas personas rescatadoras acaban con sus vidas porque se siente frustradas al no poder ayudar a quién más quieren.

Cuando se desea rescatar a alguien entran en juego mecanismos muy destructivos, tales cómo:

- control.
- chantaje.
- manipulación.

Y la idea fundamental de que el otro por fuerza tendrá que cambiar.

Un grave error de la vida en pareja y de las relaciones humanas. Nadie cambia si no está convencido y cuenta con una convicción propia para ello.  Aunque te esfuerces, aunque llores, aunque intentes suicidarte.
Nadie lo hará por ti ni por nadie.

Mejor emprende un rescate amoroso hacia tu propia persona.

Ana Giorgna
www.cecreto.com

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