lunes, 2 de febrero de 2015

Mi hijo está muy pendiente de nuestros pleitos de pareja...

Historias Reales de Personas Reales...

María una mujer llena de miedo y rencor hacia su marido quiere divorciarse, no está feliz en su matrimonio, y lo que es más, está su vida laboral y física ha ido en detrimento en los últimos años.

María lleva años tratando de tomar una decisión:

1.- ¿Debo o no divorciarme?
2.- ¿Qué pasará con mis hijos si me divorcio?
3.-¿Estaré causándoles un mayor mal a mis hijos si me divorcio?
4.-¿Cómo les voy a explicar que ya me voy a divorciar?

Y, así hasta el infinito María se pregunta una y otra vez, cuál será la mejor manera de llevar su matrimonio. No está feliz, ya no quiere a su marido, está enojada, deprimida, llena de angustias y de dolencias físicas, está estresada, no duerme ni come bien. Toda decisión que tenga que ver con un divorcio o una separación siempre es un tema complejo que tiene variantes y componentes psicológicos muy importantes.

Es cierto que una decisión de divorcio es compleja y muy dolorosa. Lo que María sostiene es que su hijo, el mayor, está muy pendiente de su relación de pareja, sobre todo cuando existen pleitos y enojos.  Lo que es más, el hijo, ya no logra estar solo, siempre se hace presente en la vida en pareja para que los papás no discutan y no estén en conflicto. Durante mucho tiempo se ha puesto un gran acento en una situación importante: de alguna manera, los hijos son un espejo en las relaciones de pareja,

María siente una gran culpa, piensa que sí se divorcia, su hijo le dirá que ella es la responsable. Ella no quiere ser "la mala del cuento". Sin embargo, tiene un esposo que no se irrita, no grita, su ritmo es lento y pocas veces reacciona a las provocaciones de María. Por tanto, María siempre resulta ser la que causa problemas en la relación. Algunos divorcios pueden tener componentes desgarradores porque implica una ruptura no solo de la pareja sino de un proyecto de vida.

Sus hijos, principalmente el mayor ha escuchado todos los problemas de sus padres. Ella todo el tiempo le reclama sus infidelidades, su forma de beber y sus largas ausencias afectivas. El hijo siempre tiene un pretexto para aparecer en las conversaciones.

Es evidente que su hijo está tomando un papel que no le corresponde en la relación de pareja. Todos los hijos, harán lo imposible para que la estabilidad de su familia permanezca.  Todo hijo es posible que se sacrifique: se enferme, repruebe año, de problemas en la escuela, etcétera.

María tiene como condición la culpa, y por tanto, se siente responsable de no estar a la altura para resolver sus problemas con sus hijos, sí su decisión es divorciarse. Lo que María no logra mirar, es que de cualquier manera con tanto estrés, tampoco está pudiendo dar la seguridad que su hijo le está reclamando, ya desde ahora.

En mi libro: Cómo recuperar la confianza en el amor, hablo sobre estos problemas de no contar con una seguridad propia para hacer frente a las rupturas de pareja, e iniciar un pequeño proyecto para comprender la situación que se vive.

Durante años me he dedicado a la consulta y puedo observar, que principalmente las mujeres, se enfrentan con varias situaciones a la hora de tomar una decisión de pareja: los padres, los hijos, el dinero, los tiempos, el trabajo.

Lo más importante es ponderar:
¿Cuál es el sentido de la pareja?
¿Cuál es el sentido de permanecer en pareja o familia con una persona a la que no se le quiere?
¿Cuáles son los tipos de amor y de relación de pareja que estamos mostrando a nuestros hijos?

O, tal vez, María se encuentra viviendo un ideal sobre la relación de pareja. En mi libro. Me enamoré de un Imbécil, y ahora qué hago, hablo de estos ideales mal comprendidos en la vida en pareja

Ellos evidentemente se encuentran inmersos en el mismo dolor. Pero perdemos de vista que nuestras acciones están mostrando modelos, violencias, tipos de relación y formas de amar.

María al cobrar conciencia de esta situación, está tratando de equilibrar sus decisiones. Lo que me parece importante señalar no es el divorcio, sino cómo ella, no logra dar a sus hijos, lo que tanto desea: seguridad, tranquilidad, equilibrio. Porque se encuentra fuera de sí misma tratando de resolver los problemas con su esposo.

No parece ser una gran apuesta afectiva para nadie: ni para ella, ni para el marido, ni para el hijo.

Ana E. Giorgana
Terapeuta de familia y parejas.

www.cecreto.com




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