sábado, 7 de enero de 2012

Al amarte a ti, me olvidé de mí...

Realmente a veces amamos tanto a nuestra pareja que nos olvidamos de nostros mismos. Olvidamos que somos seres independientes, y que lo que tenemos es una relación que tenemos que cuidar y alimentar.

Por supuesto que nos pasa a muchos, queremos tanto a ese amor, a esa ilusión, a ese proyecto, que de pronto nos quedamos desnudos con nuestro propio amor. Y digo, así, nuestro amor propio se vuelve nada frente a los amores de ese otro, que pensamos va a cubrir todas nuestras expectativas.

El enamoramiento es así. Pero cuando decidimos consolidar una pareja sí nos hemos olvidados de nosotros mismos los costos son incalculables:
  1. Estamos sujetos al otro.
  2. Necesitamos del otro para amarnos.
  3. No tenemos una vida propia.
  4. Nos acostumbramos a una vida en común sin tener intereses propios.
  5. Nos hechizamo por el amor, por el deseo, por la sexualidad y cuando la realidad se nos impone, sufrimos y nos desgastamos por no haber tenido, al menos un interés propio.
El olvido de la  propia persona se denota en ceder, permitir y no aceptar que nosotros también somos importantes en esa relación. Vivimos para el otro, un otro que se da el lujo de abusar de mis sentimientos, de ser indiferente, de no llegar a acuerdos, de no tomar en cuenta ni mis decisione ni mis intenciones.

Al abusar del amor entonces nos olvidamos de nosotros mismos. Por momentos nos sentimos sin rumbo y sin dirección, cuando por alguna razón, esa relación se termina. O bien, nos aferramos a lo que queda de la misma por el temor a la soledad y a hacernos cargo de nuestra propia vida.

Toda relación de pareja contiene algo o mucho de dependencia. Pero cuando esa condición está por encima de  mi dignidad y aprecio, entonces estamos hablando de relaciones disfuncionales y quizá destructivas.

La relación se enrarece con discusiones, resentimientos, hostilidades o incluso la violencia. Ofensas van y vienen, pero al final seguimos ahí detenidos frente a nuestro desgraciado amor.

Estamos pendientes de lo que haced el otro, de lo que dice también de lo que omite. Pero la pregunta fundamental es la que no alcanzamos a formularnos:

¿Cómo le hago Yo para estar en una situación como esta?

Solo mediante la autocrítica y mirando cuáles son nuestras necesidades, carencias y formas de relación podremos comprender cómo estamos sorteando esta vida de a dos tanto en lo contructivo como en lo no tanto.

Gracias por leerme, mi misión es la calidad de vida emocional y su impacto en lo social.

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