lunes, 14 de mayo de 2012

El egoísmo y la vida en pareja...


Toda relación humana en la que nos vemos comprometidos implica por fuerza alguna renuncia. Es decir, sí acepto el compromiso de vivir con una pareja, acepto estar en pareja con esa persona que he elegido como mi compañero o compañera.

Sin embargo, para poder darme a otro, necesito una buena dosis de amor y egoísmo a mi mismo. Pero el "darse a otros" se ha desvirtuado en nuestras sociedades, primero les damos a los demás, principalmente a la pareja, y al final nos ponemos en último término.

Consideramos que si hacemos felices a nuestras parejas, entonces ellas o ellos, responderán con el mismo grado de amor, de gratitud o de amor. Pero nada más alejado de la verdad, sobre todo, cuando tus vínculos los estableces con personas con marcados rasgos narcisistas.

La exigencia, la demanda, el egoísmo dominan la vida en pareja. Solo hay espacio para una necesidad, para un interés, para una persona, para un ego, y los narcisistas no descansan nunca para que esta premisa se cumpla en todas sus relaciones, y en las de pareja, con mayor razón.

Esa clase de egoísmo se llena de frialdad, de insensibilidad y de un desprecio frente a las necesidades de la pareja. Lo único aceptable es la veracidad narcisista, lo único urgente es la admiración y lo único posible en ese mundo de a dos es la adoración.

En las relaciones llenas de egoísmo se esconde el miedo, el terror al abandono, al desamor y el pánico de no estar a la altura de ese maravilloso amor. Las inseguridades surgen desde lo más profundo del alma, de las heridas infantiles que tratamos de acallar mediante vínculos destructivos y llenos de odio.

El egoísmo puede entenderse en dos vertientes:

La primera de ellas se encuentra en relación directa con defender a aquello que es mío, lo que me pertenece y no estoy dispuesto a ceder, en este rubro se encuentran la dignidad, la autoestima, los tratos aceptables y no violentos y el respeto.

En la segunda categoría se encuentra el egoísmo narcisista que solo puede recibir pero no puede entregarse a una vida en pareja sin condiciones. Este egoísmo se encuentra en el seno mismo de lo que hace a algunas parejas tan disfuncionales.

Las personas que padecen un egoísmo de esta naturaleza, no existe el amor, solo el amor a sí mismos. La pareja es un reflejo de su ego engrandecido, de su falta de identidad personal y de la necesidad de tener otro que les confirme su grandeza.

El egoísmo narcisista es sutil. Entra lentamente. No lo percibimos. No nos percatamos que de tanto en tanto nos va invalidando, descontando hasta acabar sin un referente personal.

En las parejas que viven bajo el influjo de este tipo de egolatría, siempre entran en juego situaciones y sentimientos como:
  • Ingratitud.
  • Aislamiento.
  • Codici a.
  • Envidia.
  • Aquellos aspectos que sustentan una pareja se encuentran en desequilibrio. Las atenciones y la importancia solo son para los egoístas, lo demás carece de valor específico.

La solidaridad se escurre entre las sábanas y no aparece por ningún lado, y en la intimidad mucho menos. La generosidad solo se denota cuando los narcisos calculan que podrán recibir algo o mucho a cambio, de lo contrario, jamás, podrán comprender lo que su pareja vive, sufre o desea.

Solo hay un espacio y ese tiene que cubrirlo el narcisista, y es ahí donde su egoísmo entra con gran gala y se apodera de todo el espacio de la relación, por ello, este tipo de vínculos egoístas se viven tan profundamente destructivos y dolorosos.

Si te interesa saber más acerca de estos amores, te invito a que visites el sitio
www.cecreto.com en dónde encontrarás en nuestra editorial material electrónico sobre:


Amores Narcisistas, cómo recuperar la confianza en el amor y cuando el amor en pareja se convierte en dolor

Gracias por leerme, mi misión es la calidad de vida emocional

Ana Giorgana

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