Ana Giorgana

jueves, 4 de noviembre de 2010

Vagando y divagando por la experiencia humana...

Generalmente me siento profundamente ilusionada por las cosas de la vida. Me entusiasma la experiencia humana porque representa un enigma, mientras más estudio sobre su comportamiento, sus motivos y sentidos más aún se abre una interrogante para mi.
Me maravillo frente a esas personas que son capaces de sacar fuerzas frente a la adversidad y seguir adelante, independientemente de sus tragedias, conflictos y adversidades. La vida humana y su experiencia siempre tienen algo de misterio.
También me conmueven muchas historias que escucho a diario acerca de la imposibilidad de otros de no sentir que pueden responder con coraje ante sus vidas.
Pero, ¿por qué unos sí y otros no lo logran en absoluto?
Las respuestas son variadas, las vidas son distintas, las historias representan circunstancias diversas. Pero también es cierto, que la fortaleza se cultiva, que el amor a la vida se experimenta, que el tiempo para tomar una distancia y reflexionar sobre las propias acciones es un acto de madurez.
En cierto sentido, en sociedades como las actuales, buscamos alivios pero no curas. Deseamos algo rápido que nos quite el dolor, para los malestares físicos es una buena opción. Pero las dolencias del alma y del corazón no se quitan con una pastilla.
Por el contrario, es necesario tocar el dolor, las tristezas y las carencias, para entonces sí, tomar el rumbo de nuestras propias vidas, lamentablemente pocos están dispuestos a renunciar a su comodidad, por incómoda que sea su existencia.
El miedo a confiar en si mismos los lleva a quedarse en su angustiosa desesperación. En este sentido se atan a situaciones y relaciones que no llevan futuro, que se encuentran estériles y que no les permiten crecer, prefieren la queja a la transformación.
Y así, siguen sus vidas vagando y divagando en sus desgracias y lamentos.
Pero para vivir una vida de calidad con una pareja de calidad tenemos que ser primero personas de calidad.
Y cuando digo de calidad me refiero a la calidad de vida, al valor de la autoestima y por supuesto, a contar con la calidad de la experiencia humana.
Recorrer y vivir todo lo que se nos presenta, enfrentarlo y solucionar, ese es el sentido de una vida bien vivida, estar alertas a nuestra existencia y además, ser dignos de experimentar la propia fuerza y al mismo tiempo, tocar ser vulnerables, experienciar todos y cada uno de los sentimientos como un regalo de crecimiento y no de tormento.
Dejar atrás y renunciar a lo que es tóxico en nuestras vidas, aunque nos cueste.
Pero para eso, necesitamos primero reconocer que somos nosotros mismos quienes tenemos el timón de la propia decisión.
Lo demás son lugares comunes en los que los demás tienen que hacerse responsables de nuestra existencia.
Y principalmente, les ponemos esos atributos a nuestros padres, a nuestros hijos y a la pareja.
En Cecreto trabajamos sobre la experiencia humana.
Si te interesa conocer sobre nosotros visitanos.
Gracias por leerme, mi misión es la calidad de vida emocional y su impacto en lo social.
La gran cantidad de visitas se orientan hacia las relaciones de pareja, sin embargo, también tenemos otro tipo de materiales dedicados a las comunidades educativas, las relaciones de pareja y hacia algunas reflexiones en este mundo de hoy.
Ana Giorgana