lunes, 6 de diciembre de 2010

Martha, no logra darse a respetar ni por su pareja ni por sus hijos, pero tampoco por ella misma...

Justo esta mañana  Martha me ha contado su historia. Una mujer que cuenta con un matrimonio aceptable, pero que vive la vida de manera angustiosa, tratando de darle gusto a todos, a la mamá, al marido, a los hijos, a los amigos, pero en el fondo se siente profundamente desgraciada.

  • Nadie la reconoce.
  • Ningún miembro de su familia se da cuenta de "todo lo que ella, hace por los demás"
  • Por el contrario, le exigen que esté en condiciones de dar más.
Ella está aniquilada, exhausta, la hija le ha dicho hasta de lo que se va a morir, pero ella, cree y considera que se le pasará.
Martha vive la vida como si las cosas se resolvieran solas, y claro que se resuelven, pero no siempre de una manera sana para ese medio familiar.
Su marido es un hombre responsable, un hombre exitoso en su profesión, pero aislado y taciturno. Nadie nunca sabe lo que piensa, lo que hace y lo que pretende.
Martha quiere adivinarlo, pero él no se deja, nunca le da gusto.
La dinámica familiar es de adicción, ella es una mujer codependiente, centrada en el afuera, que aún cuando intenta sanar, todos sus esfuerzos se ven minados, frente a un hombre distante, hasta cierto sentido "macho", en el buen sentido de la palabra, y además, que es crítico frente a los roles que a cada uno le toca desempeñar.
Martha es una mujer romántica, él es un hombre práctico no pueden empatar en la solución de sus conflictos.
Ninguno es mejor o peor, es solo cuestión de enfocarse en la solución.
Martha se siente rechazada  en todos los sentidos. Su vida sexual es inexistente.
Y los hijos se trepan con sus exigencias.
Nadie puede ni Martha, ni su esposo, ni los hijos ni nadie puede estar en concordancia en este esquema familar hasta que los dos miembros de la pareja, los adultos, arreglen sus diferencias.
Qué quieren como pareja, como familia, como individuos, como padres, como esposos?
Si logran dar respuesta a estas interrogantes, es un salto del cielo a la tierra,
de lo contrario, no hay nada que hacer.
Martha seguirá quejandose.
Su esposo algunas veces responderá y otras no.
Los hijos estarán confusos.
Pero lo más importante, más allá de Martha, es como cada uno de nosotros participamos en lo que vivimos, solo ahí tenemos poder y la posibilidad de transformar nuestra realidad.
Gracias por leerme, mi misión es la calidad de vida emocional y su impacto en lo social.
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