Autor: Ana Giorgana
Para se pareja, primero tenemos que convertirnos en persona se refiere a aquellos procesos que se van gestando en la vida de todo individuo humano. Primero tenemos que ser infividuos.Por supuesto, que estar en pareja es una necesidad humana. Todos requerimos de identidad, de amor, de saber que somos importantes para alguien más, y si además comparto una intimidad sexual, afectiva, de proyecto, de compañía y de solidaridad, cuánto mejor.
El problema estriba cuando en lugar de ser personas independientes y formar un proyecto de vida que incluya, por supuesto, a la pareja. Tomamos primero a la pareja, y desde esa relación, deseamos ser personas. Queremos que la pareja nos de identidad, nos suba la autoestima, guíe nuestra conducta, defina nuestros gustos, y además, que nos quiera, nos reconforte y nos haga sentir las personas más importantes en la vida.
Cuando no se tiene una identidad propia bien cimentada, esperamos que la pareja nos brinde y nos otorgue esa seguridad que no encontramos en nuestro interior. Por ello, cuando la pareja se va o por alguna razón ya no existe en nuestras vidas, nos sentimos vacíos y sin una alternativa de vida.
Lo hemos otorgado todo: nuestro valor, la estima personal, nuestra vida entera, las emociones, los pensamientos. El huevo y el vacío no logran llenarse con nada, solo queda la amargura, la desconfianza, la falta de rumbo.
En un inicio de la ruptura son emociones aceptables, pero pasado el tiempo, es necesario recuperarse y convertirse de nuevo en personas individuales que requieren resolver su circunstancia de vida.
No podemos forzar a nadie para que se quede a nuestro lado.
Nuestro único compañero de vida somos nosotros mismos. Pero lejos de comprender que estamos solos con nuestras dolencias, caemos en la autocompasión y en sentirnos víctimas de esa pareja que ya no está, que se fue, que cayó en el desamor, en la infidelidad o bien en una relación destructiva.




